Morocco
Marruecos me enseñó que la sombra puede ser tan elocuente como la luz más cegadora. En esta serie, he querido alejarme de la postal turística para adentrarme en un territorio de texturas y contrastes puros.
Caminar por sus calles con mi cámara fue una lección de geometría y paciencia. Busqué el momento exacto en que el sol del desierto corta el aire y crea espacios nuevos entre los callejones. Para mí, el blanco y negro no es una ausencia; es la herramienta que me permite revelar la fuerza de un gesto, la sobriedad de una arquitectura y la dignidad de un pueblo que se narra a sí mismo en claroscuros. Este es el Marruecos que yo sentí: crudo, elegante y profundamente humano.

